¿Sabes realmente de dónde viene la tarta de queso?
¡Uf! Si te decimos que la tarta de queso tiene 4.000 años de historia, seguramente pienses que nos hemos vuelto locos en Pepina Pastel. Pero es que resulta que este postre que tanto nos gusta tiene una historia alucinante que empieza nada menos que en la Antigua Grecia. Y lo mejor de todo: ¡fue el primer «batido de proteínas» de los atletas olímpicos!
Empezó todo en una isla griega (y no era precisamente para Instagram)
La cosa empezó hace unos 4.000 años en la isla de Samos, que está ahí cerquita de Turquía. Los griegos ya andaban por aquel entonces mezclando queso con miel, y oye, que no iban mal encaminados. Estos primeros «cheesecakes» no se parecían nada a lo que hacemos ahora, pero tenían algo que nos encanta: eran súper energéticos.
Los atletas de los primeros Juegos Olímpicos (allá por el 776 a.C.) se zampaban estos pasteles de queso como si no hubiera mañana. Normal, porque después de correr desnudos por ahí (sí, sí, así competían), necesitaban recuperar fuerzas. Era como el recuperador post-entreno de la época.
Los romanos: los primeros en mejorar una receta
Ya conoces a los romanos: llegaban, veían, conquistaban… y se quedaban con todo lo bueno. Cuando pillaron Grecia, fliparon tanto con la tarta de queso que se la llevaron como si fuera oro puro. Pero claro, ellos tenían que meter baza.
Las mejoras romanas que cambiaron todo
Los romanos fueron los primeros «chefs influencers» de la historia. Cogieron la receta griega y dijeron: «Esto está bien, pero le falta algo». Y le metieron huevo. ¡Genial! Además, se inventaron lo de hornearla entre ladrillos calientes. Era como una barbacoa primitiva, pero funcionaba.
Le pusieron nombre propio: «Libuma». Y como eran muy suyos, solo la servían en ocasiones especiales. Era como el champán de los postres.
También tenían otra versión llamada «Placenta» (sí, ya sabemos que suena raro) que se hacía con una base separada. Básicamente inventaron la base de tarta tal y como la conocemos.
El tour europeo de la tarta de queso
Los romanos eran unos máquinas expandiendo su imperio, y con ellos se fue la tarta de queso por toda Europa. Cada sitio le fue dando su toque personal, porque ya sabes cómo somos por aquí: nos gusta hacer las cosas a nuestra manera.
En la Edad Media, los monjes se dedicaban a experimentar en los monasterios. Imagínate la escena: entre oración y oración, probando mezclas de queso con frutas y especias. Casi que eran los precursores de los laboratorios gastronómicos de ahora.
El gran salto: América y el queso crema
El viaje al Nuevo Mundo
En el siglo XVIII la tarta de queso se montó en los barcos con los colonos europeos rumbo a América. Pero el momento histórico definitivo llegó en 1872, y fue por casualidad (como suelen pasar las mejores cosas).
El error más delicioso de la historia
Un quesero de Chester, Nueva York, estaba intentando copiar un queso francés. Pero algo salió mal… o más bien, ¡súper bien! El resultado fue un queso cremoso y suave que no se parecía en nada a lo que quería hacer. En lugar de tirarlo, lo empezó a vender como «Philadelphia Cream Cheese».
Ese «error» cambió para siempre la historia de las tartas de queso. De repente tenían un ingrediente que les daba una cremosidad brutal.
Arnold Reuben, el genio de Nueva York
En los años 20, Arnold Reuben (sí, el mismo de los sándwiches) tenía un restaurante en Nueva York. Este tío probó una tarta de queso, se enamoró perdidamente, y se puso a experimentar hasta crear la famosa «New York Cheesecake». El resto es historia.
España: más historia de la que te imaginas
La Quesada Pasiega: nuestras raíces queseras
Resulta que en España llevamos haciendo tartas de queso desde el siglo XIII. La Quesada Pasiega de Cantabria ya aparecía en textos medievales. Era súper sencilla: leche de vaca, cuajada, mantequilla, huevos y harina. Sin complicarse.
Hasta el Arcipreste de Hita habla de ella en «El Libro de Buen Amor» (siglo XIV). Vamos, que teníamos tartas de queso antes de que fuera cool.
La revolución de La Viña
Pero si hay una tarta que ha puesto a España en el mapa mundial de los cheesecakes, es la de La Viña en San Sebastián. Santiago Rivera, el dueño, se puso a experimentar hace 30 años con una idea clara: quería conseguir la textura de una mousse de chocolate pero en tarta de queso.
Su truco genial fue quitar la base de galleta. «Si quiero textura de mousse, la galleta me estorba», pensó. Y acertó de lleno.
La tarta tiene la superficie tostada y quemada (por eso la llaman «burnt cheesecake»), pero por dentro es cremosa como la seda. El sabor recuerda al caramelo salado, y cuando te la metes en la boca se deshace completamente.
El éxito fue tan bestial que ahora hacen 100 tartas al día en temporada alta. ¡Y The New York Times la eligió como «el sabor del año» en 2021! No está mal para un bar de la Parte Vieja donostiarra.
El mundo es de los cheesecakes
Cada país tiene su rollo con las tartas de queso:
- Italia le mete mascarpone y ricotta (claro, con su tradición quesera…)
- Alemania usa queso cottage y hace la base con masa fresca
- Japón hace el «Cotton Cheesecake», que es como una nube comestible
- Polonia tiene el «Sernik», que es denso y potente
- Los americanos de Chicago le añaden crema agria
Las tartas de queso de Pepina Pastel: 4.000 años después
Vale, después de todo este rollo histórico, vamos a lo que realmente importa: ¡nuestras tartas! En Pepina Pastel hemos cogido toda esta tradición milenaria y le hemos dado nuestro toque personal. Porque claro, después de 4.000 años de evolución, algo teníamos que aportar nosotros, ¿no?
Nuestra colección (que nos tiene súper orgullosos)
La tarta de queso al horno tradicional

Esta fue nuestra primera tarta de queso en Pepina Pastel. Y mira, no es por presumir, pero nos salió redonda. Está hecha con muchísimo queso y tiene una cremosidad que cuando la pruebas… madre mía. Los clientes nos dicen que «se mueren del gusto», y oye, eso nos gusta escuchar.
Pistacho Cheesecake

Aquí nos pusimos modernos. Cogimos la base tradicional y le metimos pistacho de calidad. El resultado es una tarta que tiene toda la cremosidad de siempre pero con ese sabor tan especial del pistacho. Es diferente, pero diferente bien.
Lotus Cheesecake
Esta nos la pidieron tanto que al final tuvimos que hacerla. Y menos mal, porque es una pasada. El sabor caramelizado del Lotus con la suavidad del queso crema… es como un abrazo en forma de tarta.

Rellenita Cheesecake
Para los más golosos de la casa. Lleva cookie de chocolate, así que imagínate. Es cheesecake, pero con sorpresa crujiente. Los niños (y los no tan niños) se vuelven locos con ella.

Horchata Cheesecake
Y aquí está nuestra joya de la corona. Porque somos valencianos y tenemos que honrar nuestras tradiciones, ¿no? Hemos cogido la horchata, que ya de por sí es una maravilla, y la hemos fusionado con el cheesecake. El resultado es una tarta que solo puedes probar en Valencia, y más concretamente, en Pepina Pastel.

¿Y ahora qué?
Han pasado 4.000 años desde que un griego se puso a mezclar queso con miel, y mira dónde hemos llegado. La tarta de queso se ha convertido en el postre universal. Se celebra su día mundial (30 de julio, por si quieres apuntarlo), y millones de tartas salen cada día de hornos de todo el mundo.
En Pepina Pastel seguimos experimentando porque creemos que esta historia todavía no ha terminado. Los griegos pusieron la primera piedra, los romanos mejoraron la receta, los americanos inventaron el queso crema, los vascos la quemaron (literal), y nosotros… bueno, nosotros le hemos puesto horchata.
Y es que después de 4.000 años, todavía quedan sabores por descubrir, texturas por perfeccionar y bocados por disfrutar.
¿Te apuntas a seguir escribiendo esta historia con nosotros? Ven a probar nuestras tartas de queso y cuéntanos cuál es tu favorita. Porque al final, esto del origen está muy bien, pero lo que realmente importa es el sabor de ahora.
PD: Si después de leer todo esto no tienes ganas de tarta de queso, es que algo raro pasa. ¡Pásate por Pepina Pastel y solucionamos eso!











